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Grupos de consumo y democracia alimentaria

En los últimos tiempos toda persona que habite en este planeta bien puede sentir un pesimismo desordenado y confundido respecto a cómo podemos afrontar como sociedad el reparto de los recursos. En este artículo los recursos esenciales a los que nos vamos a referir son las comida y el suelo fértil donde cultivarla.


Lo primero de todo debe ser señalar ¿Qué es un grupo de consumo? ¿Qué es la democracia alimentaria?


El grupo de consumo

Un grupo de consumo es una red de personas conectadas con un proyecto agrícola ( o varios) del que se proveen de alimentos (normalmente en formato de cestas semanales) de manera prolongada y consistente en el tiempo. Es un intercambio que pretende trascender el mero traspaso de comida por dinero, queriendo llegar a formar una red sólida en la que el grupo se beneficia de una alimentación natural, sana y responsable con la salud del planeta que habitamos, a la vez que se vincula con agricultores y agricultoras locales. Me parece interesante definir la esencia de un grupo de consumo resumiendo los efectos que puede tener a nivel individual, familiar y, por supuesto, colectivo.


1.Cultivo orgánico de alimentos: en un grupo de consumo, normalmente, las verduras se cultivan bajo las técnicas de la agricultura orgánica (o ecológica). Bajo este punto de partida podemos construir un modelo de alimentación que fomente la salud de la sociedad y de los ecosistemas. Lamentablemente, en la actualidad, más del 90% de la verdura que se produce en el mundo recibe algún tipo de producto químico de carácter tóxico: pesticidas, herbicidas o abonos químicos (puedes visitar en este enlace nuestro artículo "Agricultura ecológica vs convencional"). Estos recursos que emplea la agricultura convencional no provienen del mundo natural, y el cuerpo humano reacciona ante ellos sufriendo multitud de alteraciones que pueden comprender desde alergias hasta diferentes tipos de cáncer. Los alimentos que se incluyen en un grupo de consumo están totalmente libres de estos agro-tóxicos, y cada vez son más los estudios que señalan un mayor valor nutricional en forma de vitaminas y minerales.


2. Apoyando a la agricultura y economía local: sin embargo, todo el mundo podría ir a comprar a grandes supermercados y adquirir alimentos de origen ecológico. Lo que distingue a un grupo de consumo es que se genera un apoyo real y continuado a quien cultiva los alimentos. De esta manera el agricultor o agricultora puede cultivar con mayores garantías gracias al apoyo de esas personas comprometidas con la alimentación y el cambio social. Si una granizada acaba con su plantación, o una plaga imprevista arrasa sus cultivos, los miembros del grupo de consumo pueden sustentar a esa granja de esa pérdida imprevisible. De otra manera, esa granja podría caer en la quiebra y tener que cerrar. El problema es que, a día de hoy, las grandes marcas de supermercados, bajo este sistema económico de libre mercado, pueden seguir exprimiendo y alterando el funcionamiento de las granjas, esta vez certificadas como ecológicas.

Además de este cambio de paradigma, el hecho de que las verduras que se ofrecen en el grupo de consumo son cultivadas de manera local promueve una economía más fuerte y mucho menos dependiente de los grandes mercados de alimentos, los cuales especulan con el precio de los alimentos y terminan arruinando a miles de campesinos y campesinas a nivel mundial cada año, tal y como acabamos de comentar.


La democracia alimentaria

Si en estos momentos te preguntara acerca de tu relación con la agricultura ¿qué pensarías? Posiblemente dirías que esa relación es muy modesta o casi nula. Sin embargo ¿cuántas veces comes al día? ¿cuántas de esas veces te paras a pensar que detrás de ese plato de comida hay un `proceso de cultivo y unas personas detrás que lo han hecho crecer? ¿cómo te gustaría que se cultivara el alimento que consumís tú y tu familia? ¿te sentirías más satisfecho si conocieras a quien produce el alimento que te nutre? ¿has pensado como te sentirías si en tu región todos los agricultores se hubieran arruinado por los precios desleales de una multinacional y ahora tú dependieras de sus productos y su precio?

Todas las personas de este mundo estamos, por encima de todo lo demás, íntimamente ligados con el mundo de la agricultura.

La democracia alimentaria se refiere al poder y control que tiene una sociedad o región del mundo determinada sobre su capacidad de alimentarse, es decir, de producir su propia fuente de alimento.

Los grupos de consumo potencian la capacidad de las sociedades de ser soberanas de su producción y consumo de alimentos. Esto se debe a que la relación entre las granjas y la ciudadanía es directa y cercana. No existen intermediarios, alteradores del equilibrio comercial sencillo y justo. La verdura se produce localmente y con recursos cercanos y, como decíamos antes, la forma de cultivo mantiene la fertilidad natural de los suelos, evitando así depender de otros países con suelos más productivos. No debemos olvidar que España está ya inmersa en un proceso de desertificación que afectaría al 60% de la península, incidiendo drásticamente en nuestra capacidad como país de producir nuestro propio alimento.


A modo de conclusión

Existen diversas maneras de conseguir, como comunidad, un reparto equitativo de alimentos. Para ello debemos comprender colectivamente que la producción de dichos alimentos y su reparto en el mundo no puede depender de los intereses de grandes supermercados y multinacionales cuyas prioridades son el beneficio económico (véase nuestro artículo sobre soberanía alimentaria ).

Para ello es necesario que la sociedad comience a consumir de manera local y directa, empoderando a quien cultiva bajo una filosofía de respeto a la naturaleza y a una economía local. Solamente así, con una tierra fértil, una agricultura autosuficiente y una ciudadanía consciente del origen de sus alimentos, podemos comenzar a caminar hacia esa utopía. Desconozco si llegaremos pero, por lo menos, comenzaremos a andar.


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